Por cuarenta días anduve,
por las sendas de la mente. Anduve, sin ningún rumbo,
por el páramo callado
que un día fue mi corazón.
Porque éste espíritu,
hace ya tiempo abatido,
huérfano de inspiración,
vaga en cualquier
dirección
hacia ningún sentido.
Sumergido entre
recuerdos, durante dos veces veinte. Sumergido, muy profundo,
por llanuras abisales que no alumbra la razón.
Y sin sentido llegó
a suelo seco el Monzón;
De vida y agua llenó
las grietas de un
corazón,
secado por lo sufrido.
Tan pronto llega y se
va, tan pronto moja y se acaba. Endeble pero iracundo,
paroxístico y
violento. Esperanzadora y frágil, marchaste como el Monzón.
Y tras tu marcha
prendió
El último gran
incendio
que inclemente
consumió
nuestras risas en
cenizas,
de nuestras miradas ,brasas,
de nuestros besos,
recuerdos.
La muerte de la
ilusión, la ilusión de ser tu abrigo, deja el aliento abatido.
Soy el barco sin timón, soy de las musas
olvido.
Y es que éste
espíritu,
hace ya tiempo abatido,
huérfano de inspiración,
vaga en cualquier
dirección
hacia ningún sentido.
[G.L]
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