Hoy soy más viejo que antes,
Mucho más mayor que ayer.
Cuando el dolor lavó los ojos
que empezaron a entrever.
A esos perros de violencia,
violar la pureza del cuerpo.
A esas rapaces del miedo
desgarrar la blancura en los sueños.
He visto la dignidad decapitada,
y la bondad desterrada.
Bajo pútrida tierra egoísta
la inocencia enterrada.
Hoy he mirado a los ojos a la puta de Babilonia.
Y había lágrimas.
Y en ellas, de pronto, la nieve. Y el fuego.
Y la lluvia, las estrellas y el cielo.
Y tus ojos tras los míos.
Hoy comprendí lo que hasta ahora solo sabía.
En el vapor de la vida condensado en lágrimas.
En la absoluta belleza del dolor y del amor.
Y mezclados su sabor.
Y así soy más viejo que antes.
Mucho más mayor que ayer.
Y por fin siento lo que pienso:
Que el terror del día a día no pasará;
no pondrá un pie en el umbral de mis sueños.
Que no entregaré mi camino a la suerte.
Que mi mano no soltará la tuya.
Y la sangre en mis heridas será solo para tí.
Que esos perros, esos cuervos
quebrarán sus garras contra un corazón blindado,
forjado y templado, bajo el fuego del amor.
El amor fuerte como la muerte.
Y me río del destino
o más bien me compadezco;
Si este dolor que padezco,
es precio alto por vivir.
Por el regalo de vivir a tu lado.
[g.l]